Japón ha dado un paso significativo hacia la transformación de su postura de seguridad al desplegar misiles de largo alcance de fabricación nacional en dos bases estratégicas. El Ministerio de Defensa anunció que las Fuerzas Terrestres de Autodefensa han instalado estos misiles en el campamento Kengun, en Kumamoto, y en el campamento Fuji, en Shizuoka.
Misiles de largo alcance para reforzar la disuasión
Los misiles desplegados tienen un alcance estimado de 1.000 kilómetros, lo que permite a Japón llegar a zonas costeras de China y a las aguas que rodean Taiwán. El ministro de Defensa, Shinjiro Koizumi, afirmó que este es un esfuerzo crucial para fortalecer la capacidad de disuasión y respuesta de Japón frente al entorno de seguridad más severo y complejo de la posguerra.
El despliegue de misiles de largo alcance nacionales se produce en un momento de tensiones crecientes con China. La disputa territorial en las islas Senkaku y la proximidad de Japón a Taiwán han aumentado la preocupación por la seguridad marítima en la región.
Un cambio en la política de seguridad japonesa
La política de seguridad japonesa ha cambiado significativamente desde la posguerra. La Constitución heredada de la posguerra eliminaba el ejército y consagraba el pacifismo, pero la Guerra de Corea en 1950 alteró esta estrategia. Washington comenzó a considerar a Japón como un aliado clave en Asia, lo que permitió la creación de las actuales Fuerzas de Autodefensa.
En 2015, bajo el Gobierno de Shinzo Abe, se reinterpretó la Constitución para autorizar la "legítima defensa colectiva". En 2022, con el ex líder Fumio Kishida, se aprobó un plan para aumentar el gasto militar hasta el 2% del PIB y dotar a Japón de misiles de contraataque de largo alcance.
Aumento del gasto militar y cambio en la percepción social
La actual primera ministra conservadora, Sanae Takaichi, parece dispuesta a acelerar este proceso de rearme. El año pasado desencadenó una crisis diplomática con Pekín al sugerir que un ataque chino a Taiwán podría justificar la intervención militar japonesa.
El Gobierno de Takaichi aprobó un presupuesto de defensa récord, superior a nueve billones de yenes (alrededor de 50.000 millones de euros) para 2026, un 9,4% más que el año anterior. Los nuevos misiles nacionales desplegados se suman a los Tomahawks estadounidenses ya operativos en varias islas, creando un sistema de defensa integrado sin precedentes en el país asiático.
Implicaciones regionales y globales
El cambio de percepción en la sociedad japonesa en cuestiones bélicas también es notable. Una encuesta gubernamental de finales de 2025 reveló que el 45,2% de los ciudadanos apoyaba el fortalecimiento de las Fuerzas de Autodefensa, frente al 9% registrado en 1991.
El sur del archipiélago, especialmente el conjunto de islas Ryukyu, se ha convertido en el epicentro de esta transformación estratégica. La isla más grande, Okinawa, alberga la mayor concentración de bases estadounidenses y recientemente vio desplegar un regimiento con misiles antibuque.
Desafíos y oportunidades
El despliegue actual de misiles de largo alcance nacionales va más allá del hito tecnológico: simboliza un cambio de paradigma en la seguridad japonesa y una transición hacia un modelo de disuasión más agresivo. Japón no se está volviendo militarista en el sentido clásico, pero sí abandona el pacifismo estricto que definió la posguerra.
Conclusión
En conclusión, el despliegue de misiles de largo alcance de fabricación nacional en Japón marca un cambio significativo en la política de seguridad del país. A medida que Japón refuerza su capacidad de disuasión y respuesta, la región y el mundo deben estar atentos a las implicaciones de este cambio.
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Crítico Cultural
Crítico cultural y escritor. Colaborador habitual en medios literarios.
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