La exposición 'Vilhelm Hammershøi: el ojo que escucha' en el Museo Thyssen-Borneszmiza de Madrid ha cautivado al público con su representación de interiores domésticos y su innovadora forma de capturar la luz. El artista danés Vilhelm Hammershøi (1864-1916) nos invita a adentrarnos en sus escenas cotidianas y descubrir la intimidad de sus personajes.
La curiosidad por los interiores
La fascinación por conocer el interior de las casas de nuestros vecinos es una curiosidad innata que nos permite adentrarnos en lo más personal del ser humano. Intentar vislumbrar cómo viven o cómo han decorado su casa nuestros congéneres nos ayuda a conocer esa parte de su personalidad que no se muestra de forma consciente. En la sociedad actual, esta curiosidad se ha vuelto más elitista debido a la falta de espacios para recibir en las viviendas urbanas.
La exposición de Hammershøi es un ejemplo de cómo los interiores pueden ser un reflejo de la personalidad de sus habitantes. Sus pinturas nos permiten descubrir los usos y costumbres de la época a través de escenas cotidianas. El artista danés se une a la tradición de los pintores nórdicos que reprodujeron espacios domésticos con gran detallismo.
La luz como protagonista
La luz es el elemento que da sentido a las pinturas de Hammershøi. La forma en que la luz entra por los vanos de sus interiores y se difunde en los espacios es una de las características más destacadas de su obra. El artista logra capturar la luz de manera sutil y natural, creando escenas que nos invitan a adentrarnos en su mundo.





