Hace un año, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció una serie de aranceles que desencadenaron una guerra comercial global. La medida, que pretendía 'volver a hacer América rica', ha tenido un impacto significativo en la economía estadounidense y en la vida diaria de los ciudadanos. A pesar de la recuperación de los mercados, la incertidumbre persiste.
El impacto en la economía estadounidense
La guerra comercial de Trump ha reducido el déficit comercial de Estados Unidos, pero también ha disminuido la capacidad adquisitiva de los estadounidenses. La mayoría de los ciudadanos considera que los impuestos a las importaciones han hecho que la cesta de la compra sea más cara. Según datos económicos, el precio total de los alimentos ha subido un 3,1% en este lapso de tiempo. Productos como la ternera o el café han sufrido subidas del 14% y 18%, respectivamente.
La percepción de los estadounidenses
Una encuesta publicada por el Pew Research Center a principios de febrero mostraba que el 60% de los estadounidenses sigue estando en contra de los aranceles del presidente. Otra encuesta, realizada por Harris Poll y publicada por The Guardian a mediados de marzo, mostraba que siete de cada diez estadounidenses consideran que los aranceles les cuestan más dinero. Si se filtra por orientación política, un de los republicanos están de acuerdo con que los aranceles habían aumentado precios.
Aunque el presidente de la Fed, Jerome Powell, decía en la última reunión de marzo que el impacto de los aranceles tenía que acabar de aterrizar, las urnas no esperan. En noviembre hay elecciones de medio mandato y, por el momento, nada indica que esta sensación de que la vida es más cara vaya a cambiar. Mucho menos con la guerra de Irán y con el barril de crudo disparado por encima de los 100 dólares.
El desmantelamiento del sistema de libre comercio
El Tribunal Supremo de Estados Unidos tumbó precisamente los aranceles universales del presidente porque suponía un abuso de los poderes de emergencia. El alto tribunal consideraba que los poderes de emergencia económica (IEEPA) que Trump invocó “no le autorizan a imponer impuestos a través de órdenes ejecutivas”. La sentencia dejó el gran interrogante de qué pasaba con los más de 130.000 millones de dólares que el Gobierno ya había recaudado.
La reacción de Trump
Trump, que no está dispuesto a renunciar a una de sus políticas estrella, ya contestó a la sentencia del Supremo con unos nuevos aranceles del 10% que sustituyen a los universales. Para hacerlo, recurrió a la Sección 122 de una ley comercial de 1974. Aunque estos impuestos van a expirar a mediados de julio y los asesores de la Casa Blanca ya están trabajando en vías alternativas para poder mantenerlos.
El impacto en los granjeros y ganaderos
Los granjeros y ganaderos estadounidenses se sienten los grandes perdedores. Buena parte de las bases rurales MAGA se han convertido en los daños colaterales de uno de los pilares centrales de las políticas de su presidente. Por ejemplo, los cultivadores de soja ya hace tiempo que han notado los efectos negativos de la guerra comercial de Trump. El pulso con China ha hecho que Pekín deje de comprarles para buscar nuevos proveedores en Latinoamérica.
La reindustrialización del país
Trump aplicó los aranceles también con la premisa de reindustrializar el país, crear más puestos de trabajo y fomentar el consumo de productos de Estados Unidos. Las dos primeras premisas, de momento, no se han materializado y van en dirección contraria. Mientras la segunda sí que es cierta. Un año después del supuesto 'Día de la Liberación', China ya no envía tantos productos a Estados Unidos como antes.
La carrera tecnológica
Además, el Gobierno estadounidense se ha encargado de asegurar sus reservas domésticas de minerales necesarios para la carrera tecnológica de la inteligencia artificial. En diciembre de 2025 el Departamento de Estado lanzó la iniciativa de la Pax Silica, para crear una cadena de suministro segura para la inteligencia artificial, los semiconductores y los minerales críticos.
El empleo y la producción manufacturada
Ahora bien, que se hayan reducido las importaciones extranjeras no se ha traducido automáticamente en una mayor creación de empleo. Según datos de la Reserva Federal, actualmente las fábricas del país tienen contratados a unos 12,6 millones de trabajadores. Pero en estos meses la tasa de paro del país ha seguido aumentando: los últimos datos publicados en febrero por el Departamento de Trabajo muestran que se han destruido unos 92.000 puestos de trabajo.
La producción manufacturada y la inflación
La producción manufacturada ha subido cerca de un 1% durante este período, pero sigue estando por debajo de los niveles alcanzados bajo el mandato de Biden. El centro de investigación de la Universidad de Yale, The Budget Lab, señala cómo “las industrias expuestas a aranceles muestran ciertos signos de debilidad en comparación con la tendencia anterior a 2025”.
La relación con otros países
Otra de las pocas certezas que hay un año después del 'Día de la Liberación' es que Trump dio la estocada final al sistema del libre comercio que durante décadas Estados Unidos había edificado. Como respuesta a los aranceles, grandes socios comerciales como la Unión Europea han buscado alternativas en otros mercados, como Latinoamérica. En breve, el acuerdo del Mercosur se hará efectivo para ambas partes. La UE también ha buscado aumentar las relaciones comerciales con India.
La reacción de los países
Estados Unidos también ha conseguido que, como consecuencia de los aranceles, numerosos países hayan firmado nuevos acuerdos comerciales o hayan hecho concesiones. Por ejemplo, Reino Unido aceptó aumentar el número de carne vacuna importada de EEUU que se puede vender cada año en el país. Muchos Estados han buscado su propia vía para restaurar la seguridad comercial frente a Trump, quien ha demostrado usar los aranceles como arma de presión.