Hace un año, Donald Trump desveló una lista de aranceles para 180 países, generando un impacto inmediato en el comercio global. La medida puso en jaque el modelo de negocio de muchas multinacionales estadounidenses, como Apple y su iPhone de 2.200 euros. La compleja cadena de suministro del dispositivo requiere centenares de proveedores especializados, lo que hace que un arancel del 10% pueda disparar su precio un 43%.
El iPhone, un hijo de la globalización
El iPhone es un ejemplo paradigmático de la globalización. Su cadena de suministro requiere la colaboración de proveedores de todo el mundo, desde la extracción de minerales en África o Sudamérica hasta la producción de semiconductores avanzados en Taiwán o Corea del Sur. La imposición de aranceles a cada uno de estos pasos podría hacer que el dispositivo sea inasequible para muchos consumidores.
Trump anuló más tarde muchos de los aranceles que afectaban a la industria de la electrónica, pero un año después, el republicano se enfrenta de nuevo al mismo problema en su guerra en Irán. Las bombas de alta tecnología que Trump necesita para doblegar a Irán sin desplegar soldados sobre el terreno dependen del mismo ecosistema de colaboración internacional que el iPhone.
La guerra y la industria de defensa
El armamento moderno es tan complejo como los dispositivos de Apple y depende de la misma red global de suministros. Los componentes avanzados que Trump grava con aranceles y cuyo comercio entorpece dinamitando la seguridad de Oriente Medio y disparando el precio de los hidrocarburos son exactamente los mismos que necesita para continuar sus bombardeos.





