La comida casera tiene el poder de evocar recuerdos y emociones favorables. Los platos caseros, preparados con amor y dedicación, no solo son deliciosos, sino que también aportan una carga sentimental que los hace especiales. En la era de la comida rápida y los 'likes', cuidar lo que se come se vuelve esencial.

La conexión emocional con la comida

La comida casera refunde a cada bocado una loncha de familiaridad sobre los recuerdos y las emociones. Los platos celebrados en el seno del hogar, además de deliciosos, se presupone que van acompañados de rasgos que los diferencian de los comestibles envasados. La voz de una madre, los gestos de un padre, la rutina de las expresiones de una abuela, forman un hábitat en el que nos movemos con soltura.

El papel del cerebro en la alimentación

El cerebro, en su etapa de desarrollo, posee una mayor receptividad hacia los estímulos sensoriales. Se puede habituar a diferentes tipos de comida, generando improntas que se conectan con vínculos emocionales. La alimentación siempre ha sido un distintivo del cuidado y el afecto parental. Los pernos de las garantías al comer están amarrados con la fuerza de sujeción de lo inculcado, de lo identificable.

La pérdida de la cultura gastronómica

La comida rápida y los productos manufacturados están cambiando la forma en que comemos. La falta de conocimiento sobre la comida y su preparación está haciendo que los productos manufacturados sean lo común y la comida de verdad se esté volviendo exótica en tantas casas. Uno de los pioneros de la inteligencia artificial, Marvin Minsky, apuntaba al peligro de no necesitar pensar y atajar cualquier clasificación con un simple 'me gusta' o 'no me gusta'.