En las faldas del imponente volcán Teide, un equipo de científicos del Instituto Geográfico Nacional (IGN) recorre la montaña en Jeep para recoger datos sobre la actividad volcánica. Con tecnología de punta, monitorean las señales sísmicas y la deformación del terreno. La vigilancia es crucial para entender el comportamiento del volcán y prevenir posibles erupciones.
Monitoreo de la actividad volcánica
El equipo de investigadores, compuesto por Jorge Pereda, Francisco Sánchez y Víctor Cabrera, realiza un recorrido quincenal a varios puntos del Parque Nacional del Teide. En esta ocasión, se desplazaron a Montaña Rajada, a 2.460 metros de altitud, para realizar mediciones con gravímetros portátiles. Estos instrumentos permiten detectar variaciones en el campo magnético y determinar si hay movimiento de magma bajo el volcán.
La campaña de monitoreo se retomó recientemente debido a la actividad registrada en Tenerife. En febrero, los científicos detectaron señales sísmicas continuas que no habían registrado antes. Estos pulsos de actividad sísmica se entrelazaron con enjambres de terremotos de baja intensidad. Aunque los movimientos sísmicos cesaron, el equipo sigue vigilando el volcán.
Tecnología de punta para el monitoreo
Los científicos utilizan tecnología de punta para monitorear la actividad volcánica. En Montaña Rajada, instalaron un aparato que mide la deformación del terreno con precisión milimétrica. El GNSS (Global Navigation Satellite System) y los inclinómetros permiten detectar cambios en el entorno y la señal misma. Estos instrumentos han detectado una mínima deformación en el terreno de apenas un par de centímetros en los últimos tres años.





