Las guerras en Ucrania, Gaza, Líbano e Irán comparten características estructurales que sugieren un nuevo modelo bélico global. Israel, bajo liderazgos de extrema derecha, participa en tres de los cuatro escenarios, lo que revela una estrategia de guerra permanente y multipolar. Estos conflictos han sido esencializados, presentados como luchas existenciales que clausuran el espacio para el pragmatismo político.
La internacionalización de los conflictos
Los conflictos son profundamente internacionalizados, funcionando como campos de batalla subrogados de rivalidades geopolíticas globales. Esto garantiza a los beligerantes el suministro continuo de armas, financiación y legitimidad política. La internacionalización prolonga las guerras y hace difícil cualquier mediación, ya que resolver el conflicto local implicaría resolver las tensiones entre las potencias que lo alimentan.
El papel del poder aéreo
El dominio del espacio aéreo se ha convertido en la variable militar determinante de estos conflictos. El uso de cazas de quinta generación, misiles de precisión y drones ha 'democratizado' parcialmente la capacidad aérea, permitiendo a actores no estatales disponer de una dimensión aérea. La ocupación territorial y la reingeniería demográfica completan la dimensión espacial de estos conflictos.
Consecuencias humanitarias
Las consecuencias humanitarias de este modelo son catastróficas y deliberadas. Los civiles y las infraestructuras esenciales son objetivos militares sistemáticos. Los desplazamientos masivos de población son una consecuencia visible, y en muchos casos, un objetivo deliberado para crear hechos demográficos consumados. La devastación económica acompaña a todo ello, operando en múltiples escalas.





