La misión Apolo 10, lanzada el 18 de mayo de 1969, fue un crucial ensayo general para el viaje a la Luna que culminaría con el Apolo 11. Los astronautas Thomas P. Stafford, John Young y Eugene Cernan llevaron a cabo todos los pasos previstos para llegar a la superficie lunar, salvo el descenso final. Su objetivo era probar que todos los sistemas —propulsión, navegación, radares— respondían con precisión en el vacío del espacio.
La aproximación a la Luna
El día 21, la tripulación llevó el módulo Snoopy hasta solo 15,6 kilómetros de la superficie lunar, el límite de seguridad establecido por la NASA. Durante la maniobra, la misión pasó por algún apuro debido a un error en el sistema de guiado que provocó que el Snoopy comenzara a girar de forma inesperada. La tripulación tuvo que tomar el control manual para salir del embrollo y embarcar en el módulo de mando Charlie Brown.
Lecciones aprendidas
El incidente se resolvió sin mayores consecuencias, pero sirvió para detectar fallos de ‘software’ y procedimientos que serían corregidos para el siguiente vuelo. La reentrada en la atmósfera se realizó a más de 39.000 kilómetros por hora, velocidad escalofriante cuyo análisis de datos sirvió para calibrar los escudos térmicos de la cápsula y los ángulos de entrada. La cápsula del Apolo 10 estableció la mayor velocidad alcanzada por un vehículo tripulado a 39.897 km/h (11,08 km/s) durante su reingreso el 26 de mayo de 1969.





