La crisis en el Golfo Pérsico se agudiza con las amenazas de Donald Trump contra Irán y el rechazo de Teherán al alto el fuego propuesto por Pakistán, lo que obstaculiza el final de la guerra. Las declaraciones de Trump sobre la posibilidad de 'destruir un país entero en una noche' son una arrogancia intolerable en el ámbito de las relaciones internacionales.
Amenazas y ultimátums
Las amenazas proferidas por Trump no corresponden a lo que se espera de un gobernante de un Estado democrático. No hace distinción entre el Gobierno iraní y el pueblo iraní, que desde 1979 vive sometido a una inflexible teocracia islámica. Tampoco ofrece al régimen de Teherán salida alguna que no pase por una claudicación que, bien lo sabe Washington, los ayatolás no van a aceptar.
El rechazo iraní al alto el fuego
El rechazo iraní al borrador presentado por Pakistán para un alto el fuego temporal es un obstáculo significativo para la paz. Teherán pretende el fin definitivo de la guerra mediante un acuerdo que incluya garantías de que no sufrirá más ataques, un protocolo para el tráfico por el estrecho de Ormuz, el levantamiento de las sanciones y compensaciones por los daños de los bombardeos.
La violencia se intensifica
El violento intercambio de ataques con Israel pone de manifiesto la voluntad de ambas partes de causar el máximo daño posible no ya a sus enemigos políticos sino a los pueblos a los que estos gobiernan. Los ataques contra infraestructuras civiles y contra barrios residenciales en ciudades israelíes vulneran el derecho internacional.





