El emperador Adriano se alojó en Tárraco en el año 122 d.C., utilizando una residencia de lujo cercana para descansar. La villa de Els Munts, descubierta en la actualidad, revela cómo la vida de élite romana se fue apagando estancia a estancia.

La villa, construida a unos 12 kilómetros de Tárraco, estaba diseñada para el ocio y la comodidad. Sus salas estaban cubiertas con mosaicos, las paredes tenían pinturas y el agua circulaba por fuentes y estanques. Un patio central organizaba el conjunto, con galerías que abrían vistas hacia el jardín y el mar.

La vida cotidiana en la villa de Els Munts

La vida en la villa transcurría entre comida abundante, paseos por galerías y uso continuado de las termas. El modelo de vida exigía espacios amplios, agua disponible y una organización capaz de mantenerlo. Los censos del Imperio romano reducen el mito de la esclavitud: en Hispania, solo un pequeño porcentaje de la población era esclava o liberta.

La villa mantuvo una economía ganadera diversificada después de un incendio que dañó parte del complejo. Los restos animales permiten reconstruir la actividad diaria tras la crisis. Los datos indican que la producción y el consumo siguieron activos durante siglos posteriores, con cambios en la forma de aprovechar los recursos.

La adaptación a nuevas condiciones

La villa se adaptó a nuevas condiciones, sin quedar abandonada de forma definitiva. Los patrones de sacrificio muestran que muchos caprinos se mataban antes de cumplir tres años, lo que indica un consumo centrado en la carne. En el caso del cerdo, hay ejemplares jóvenes y otros más adultos, lo que apunta a una producción continua y a la conservación de partes como jamones.

El incendio que afectó a la villa dejó señales claras en el subsuelo. En ese nivel aparecieron dos personas, una con los pies sujetos por cadenas y otra con golpes en el cráneo. Esos cuerpos quedaron entre materiales quemados, lo que indica que el fuego alcanzó zonas habitadas.

La continuidad de la villa en el siglo IV

Tras el incendio, la villa volvió a ocuparse durante el siglo IV. Algunas zonas se modificaron, como el pórtico, y se añadió una cisterna. Otras partes se dejaron de usar, como el semisótano. Las decoraciones desaparecieron y los espacios residenciales se destinaron a tareas agrícolas.

El conjunto de datos indica que no hubo una falta de alimentos en ese periodo, pero tampoco se repiten los patrones de consumo de las élites romanas. Hay indicios de actividades asociadas a un cierto nivel, como la posible cría de ciervos en recintos cercanos o la presencia de un caballo utilizado para montar.

Conclusión

La villa de Els Munts es un ejemplo de cómo la vida de élite romana se fue apagando estancia a estancia. A pesar de la pérdida de lujo y la adaptación a nuevas condiciones, la villa siguió funcionando con recursos suficientes y una actividad que no se detuvo.

Pablo Hernández Gil
Pablo Hernández Gil

Crítico Cultural

Crítico cultural y escritor. Colaborador habitual en medios literarios.

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