La mayoría de la población recurre al supermercado por miedo a quedar mal con el trabajador de la carnicería. Sin embargo, este comercio local ofrece productos de alta calidad y un modelo más ético de consumo. Detrás del mostrador, suele haber productos mejor seleccionados, frescos y con mayor trazabilidad.

Ventajas de la carnicería de barrio

El carnicero de barrio puede convertirse en uno de los mejores aliados en la cocina. La clave está en confiar y saber comunicar qué se quiere cocinar. No es necesario saberse todos los cortes de carne. El periodista gastronómico Alfonso C. Suárez explica que es más útil pensar en raciones que en gramos.

Cómo pedir en la carnicería

Pedir "cuatro filetes finos" o "dos contramuslos" es más práctico que calcular "300 gramos de lomo". El carnicero sabe qué grosor necesita cada pieza para quedar perfecta. También conviene hablar en términos de recetas. Decir "quiero hacer un guiso para tres personas" o "busco algo jugoso para la plancha" es suficiente.

Aprovechar la preparación sin coste adicional

La carnicería ofrece la ventaja de aprovechar la preparación sin coste adicional. Se puede pedir la carne en tiras para un wok, picada fina o sin grasa. Comprar un pollo entero es mucho más barato que comprar las bandejas sueltas. Pídele que te lo despiece en pechugas fileteadas, muslos para asar o alitas.

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