La fiebre de los catálogos musicales que no llega a España

Britney Spears acaba de vender su catálogo a Primary Wave por 200 millones de dólares. Bob Dylan cedió sus derechos editoriales a Universal Music Publishing por 300 millones. Neil Young y Shakira hicieron lo propio con Hipgnosis Songs Fund. En Estados Unidos, los repertorios musicales se negocian como activos bursátiles. En España, el fenómeno apenas ha pasado de intentos aislados sin éxito.

La tendencia estadounidense responde a una lógica clara: los grandes catálogos generan ingresos recurrentes en plataformas digitales, radio y sincronizaciones. No dependen de las oscilaciones del mercado financiero, lo que los convierte en instrumentos atractivos para que fondos de inversión diversifiquen su cartera. Hipgnosis, el fondo británico que financiaba estas compras a través del mercado bursátil, dejó de cotizar en 2024 tras ser adquirida por Blackstone. Hoy opera bajo Recognition Music Group, centrada en la gestión y monetización global de derechos musicales.

Un concepto que ha cambiado de raíz

Los derechos de autor siempre han sido transmisibles y gestionados por editoriales musicales. Lo que ha cambiado es su conceptualización. Ya no se adquieren únicamente como parte de una estrategia creativa, sino como instrumentos financieros capaces de generar flujos de caja proyectables a largo plazo.