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Un libro acaba de recuperar las fotografías que el artista alemán Albert Scopin tomó en el Hotel Chelsea de Nueva York entre 1969 y 1971. Las imágenes, que habían permanecido perdidas durante casi cuatro décadas, reviven los encuentros y la atmósfera única de aquel refugio de artistas que marcó a toda una generación.

Scopin llegó a Nueva York el verano de 1969, apenas un día después de que el hombre pisara la luna. Tenía 25 años, procedía del sur de Alemania y llevaba solo 270 dólares en el bolsillo. Lo suficiente para alquilar una habitación en el piso más bajo del Chelsea: "una especie de cuarto oscuro con un grifo", como él mismo la describe. Incluso allí había jerarquía. Los residentes de los pisos superiores gozaban de más prestigio.
Los encuentros que definieron una época
Durante su estancia en el hotel, Scopin trabajó con Bill King, fotógrafo habitual de Harper's Bazaar y colaborador de sesiones fotográficas que se convertirían en legendarias. Fue en una de esas sesiones donde conoció a Patti Smith y Robert Mapplethorpe, quienes también vivían en el Chelsea por entonces.
La contraste entre ambos fascinó al fotógrafo. "Robert era atractivo, frío, cínico, distante; Patti, con estética punk, rostro expresivo, directa al hablar, llena de vida", recuerda Scopin. Durante una sesión de desnudos, Patti desató una energía arrebatadora: "Daba la impresión de que podía correr por las paredes y el techo". Mapplethorpe, en cambio, permanecía completamente impasible.
Poco después, Scopin fotografió a ambos en sus respectivas habitaciones del hotel. El apartamento de Patti era "el epítome del caos creativo", sin adornos pero con todo en su sitio. Su voz ronca recitando sus propios poemas dejaba "la piel de gallina". El de Mapplethorpe, en la planta baja, era todo lo contrario: ordenado y meticuloso, rodeado de los collages eróticos en los que trabajaba antes de experimentar con Polaroids.
Un refugio de artistas con historia
El Hotel Chelsea no era un lugar cualquiera. Construido en 1884 como una de las primeras cooperativas residenciales de Nueva York, se convirtió en hotel en 1905. Durante más de 40 años fue dirigido por Stanley Bard, a quien Scopin describe como "el Robin Hood entre los gerentes y propietarios de hoteles del mundo".
Bard tenía una política única: si un artista no podía pagar, no lo echaba a la calle. Le permitía saldar la deuda con una pintura, toleraba sus excusas durante meses, e incluso prestaba dinero a sus huéspedes. El cineasta Miloš Forman se alojó durante tres años sin pagar un centavo.
Por qué importa
Para Scopin, aquellos años fueron formativos. Su sistema de valores se vino abajo y tuvo que ser reconstruido dentro de aquel refugio donde cada habitación guardaba una historia. El libro que ahora recupera sus fotografías no es solo un registro visual: es un testimonio de cómo vivía la bohemia artística en Nueva York cuando la ciudad todavía albergaba lugares donde el arte y la vida se mezclaban sin filtros.
Las imágenes nunca fueron publicadas en su momento. Bill King olvidó gestionar los derechos de impresión, pero eso también era coherente con la época. "No se trataba de hacer un libro; se trataba de hacer lo que uno quería", reflexiona el fotógrafo. Ahora, casi 50 años después, esas fotografías perdidas vuelven para contar la historia de una generación.
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Crítico Cultural
Crítico cultural y escritor. Colaborador habitual en medios literarios.
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