Enfermedades cardiovasculares siguen siendo la principal causa de muerte en España

En 2025 se contabilizaron 13 fallecimientos por enfermedades cardiovasculares cada hora en todo el país, lo que equivale al 26,1 % de las muertes por causas circulatorias. Los infartos, la insuficiencia cardíaca y los ictus concentran la mayor parte de esas cifras.

Gráfico que muestra el número de fallecimientos por enfermedades cardiovasculares en España por hora
Gráfico que muestra el número de fallecimientos por enfermedades cardiovasculares en España por hora

«Hemos avanzado mucho en tratar eventos agudos, pero menos en reducir su aparición», afirma José Ramón Rumoroso, director de la Fundación EPIC. La mejora en la supervivencia no se traduce en una caída significativa del número de casos nuevos.

El aumento de la esperanza de vida amplía la ventana de tiempo en la que se pueden desarrollar afecciones como la aterosclerosis. A ello se suma un problema estructural: hipertensión, colesterol elevado y diabetes siguen estando mal controlados o infradiagnosticados en una parte relevante de la población.

Los factores de riesgo principales son la hipertensión, el colesterol alto, la diabetes, el sedentarismo, el estrés crónico y la falta de sueño. Cada uno potencia al otro, creando un círculo vicioso que acelera la aparición de infartos e ictus.

El sedentarismo actúa como factor directo: «Pasar muchas horas sentado afecta al metabolismo, favorece la resistencia a la insulina y empeora el perfil cardiovascular, incluso en personas que hacen algo de ejercicio», explica Rumoroso. El estrés crónico mantiene activado el sistema de alerta del organismo, elevando la presión arterial y favoreciendo procesos inflamatorios.

El uso excesivo de pantallas no es un factor directo, pero sí un facilitador. Reduce la actividad física, empeora la calidad del sueño y aumenta la exposición a estímulos estresantes, consolidando un estilo de vida nocivo.

Factores de riesgo y medidas preventivas clave para reducir infartos e ictus

La prevención eficaz se basa en cuatro pilares: ejercicio regular, dieta mediterránea, no fumar y control médico de presión, colesterol y glucosa. Son intervenciones simples, pero su impacto acumulativo es alto cuando se mantienen a lo largo del tiempo.

«Estas son intervenciones simples, pero con un impacto acumulativo muy alto si se mantienen en el tiempo», subraya Rumoroso, resaltando que la constancia supera cualquier esfuerzo puntual.

Los suplementos dietéticos sin indicación clara y las dietas de moda difíciles de sostener están sobrevalorados. Contar pasos sin un cambio global de hábitos tampoco basta para reducir el riesgo cardiovascular.

El entorno también influye: facilitar caminar, usar bicicleta, reducir la dependencia del coche y crear espacios laborales con menos sedentarismo pueden marcar la diferencia. La educación temprana en hábitos saludables es esencial, como indica el programa de movimiento infantil.

Una comunicación responsable, con menos ruido y mensajes contradictorios, ayuda a que lo saludable sea la opción más fácil. Cuando la prevención requiere esfuerzo constante, solo una minoría mantiene los cambios.

El mayor impacto probablemente no vendrá solo de la tecnología, sino de un cambio de enfoque que pase de una medicina reactiva a una prevención estructural y poblacional. La innovación es clave, pero la base sigue siendo cómo vivimos cada día.

En los próximos años se espera que las políticas de salud pública incorporen estos principios, impulsando entornos que favorezcan la actividad física y el control de los factores de riesgo. La reducción de los fallecimientos por enfermedades cardiovasculares dependerá, en última instancia, de la capacidad de la sociedad para adoptar hábitos sostenibles.

Jesus Gil Moreno
Jesus Gil Moreno

Redactor científico

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