La madurez individual es lo que cuenta
Permitir que un hijo vaya solo al colegio es uno de los hitos más importantes en su desarrollo de autonomía. Pero no se trata de esperar a que cumpla una edad determinada, sino de evaluar si realmente está preparado.
"Antes de dar el paso, deberíamos tener claro si tienen adquiridas las capacidades o si tienen la autonomía necesaria", explica Abel Domínguez, psicólogo infantojuvenil y director de Domínguez Psicólogos. El factor más determinante es la madurez individual del menor, sumada a la adquisición previa de competencias básicas.
El experto es claro en un punto: "No podemos esperar que un niño que nunca ha tomado una decisión por sí mismo sepa manejarse de repente en la calle". La autonomía no aparece de la noche a la mañana. Se construye día a día, mediante pequeñas tareas que el niño debe aprender a resolver con éxito antes de enfrentarse al trayecto escolar.
El entrenamiento que no debe saltarse
Anteriormente a permitir que el menor camine solo, es fundamental que haya realizado pequeños encargos con éxito. Domínguez propone ejemplos concretos: "Que baje solo a por el pan, que vaya a la tienda a comprar leche y huevos o que vaya a buscar a un amiguito que vive cerca".
Esta progresión gradual evita que la autonomía sea una decisión repentina derivada de necesidades familiares, sino un proceso planificado y consciente. El niño debe haber desarrollado capacidades prácticas específicas antes del cambio.





