El coleccionista y activista cultural José Ramón González ha logrado lo que parecía imposible: localizar en Madrid la placa de bronce de la *Alegoría de Extremadura, obra del escultor Enrique Pérez Comendador, sustraída en Badajoz en 1999. La pieza, desaparecida casi 30 años, fue entregada a la autoridad tras la denuncia del propio González.
José Ramón González junto a la placa de bronce de la Alegoría de Extremadura recuperada
Cómo el coleccionista descubrió la pieza y los pasos de la investigación
El hallazgo surgió tras un anuncio en una página de venta online que llamó su atención. Con la experiencia acumulada durante quince años de coleccionismo, González identificó de inmediato la posible coincidencia y decidió comprobarla en el Rastro de Madrid.
Para confirmar la sospecha, pidió a familiares en Badajoz que midieran el hueco que la placa ocupaba en el monumento original. Con esas dimensiones viajó al mercado madrileño, tomó fotografías y cotejó los rasgos con los estudios académicos publicados, entre ellos el análisis de Moisés Bazán de Huerta en la revista *Norba.
Con el dossier completo, presentó una denuncia en la comisaría. La policía incautó la pieza, la trasladó a Badajoz y, mediante comparación con las dos copias existentes, confirmó su autenticidad. El hallazgo se ha convertido en un referente de la recuperación patrimonial.
Contexto cultural de la Alegoría de Extremadura y su valor patrimonial
Enrique Pérez Comendador, escultor cacereño nacido en 1906, es uno de los máximos exponentes de la escultura pública extremeña. Sus obras, mayormente en bronce, combinan simbolismo regional con la estética de la posguerra española, y forman parte esencial del paisaje cultural de la comunidad.
Solo se realizaron tres versiones de la Alegoría. La primera, de los años 40, fue un regalo de la Diputación de Badajoz a Franco y presenta un formato mayor con una cuarta figura. La segunda, idéntica a la robada, se conserva en el Museo Pérez Comendador de Hervás. La tercera es la placa del monumento de Badajoz, la que desapareció.
Recuperar esta pieza no solo restituye un objeto artístico, sino que devuelve a la ciudadanía un símbolo de identidad extremeña. La alegoría representa la fertilidad de la tierra y la fortaleza del pueblo, valores que resonaban en la época de su creación y siguen vigentes.
Próximos pasos y relevancia para el patrimonio
«La satisfacción de haber contribuido a recuperar una obra de mi ciudad es difícil de describir», afirma González. Su objetivo ahora es rastrear otras obras extremeñas dispersas y crear una red de colaboración entre instituciones y coleccionistas para evitar futuros robos.
El caso muestra que la vigilancia ciudadana y la investigación meticulosa pueden revertir décadas de pérdida cultural. Se espera que la placa vuelva a su lugar original en Badajoz, donde será exhibida bajo custodia oficial, reforzando el compromiso de la región con su patrimonio.