Zoco de Damasco
Javier Puga Llopis ha publicado su relato sobre el Zoco Al‑Hamidiyeh, describiendo la visita que realizó en los últimos días. El autor recorre la galería que enlaza los edificios modernistas de Fernando de Aranda con las columnas romanas del templo de Júpiter y la mezquita de los Omeyas. Su texto combina observación directa y reflexión sobre la vida cotidiana en el corazón de Damasco.
El recorrido se inicia en la zona de principios del siglo XX, donde los edificios de Aranda marcan la entrada del zoco. Desde allí, el paseo sigue hasta las ruinas romanas que enmarcan la imponente mezquita, creando un contraste de épocas que el autor describe como "tiempo que se cruza".
Zoco de Damasco detalles
El mercado ofrece una gama amplia de productos: especias como cúrcuma, alcaravea y azafrán iraní; dulces y helados de pistacho de la famosa heladería Bakdash; perfumes de oud y jabones alepinos; y joyería tradicional que se exhibe en pequeños escaparates. Los puestos de algodón de azúcar y chuches atraen a los niños, mientras los vendedores de agua (el *siqqi) cargan vasijas de cobre sobre la espalda.
Puga Llopis destaca la atmósfera caótica‑cálida, donde residentes y visitantes se mezclan sin barreras. Observa también la venta de artículos de bric‑à‑brac, desde cámaras antiguas hasta monedas bizantinas, que convierten el zoco en un museo viviente. "El zoco es un río incesante de vida" escribe el autor, subrayando la continuidad de la tradición comercial.





