Reidentificación de la obra de Pedro Orrente en el Prado
El Prado ha anunciado que el cuadro antes catalogado como San Juan Crisóstomo pasa a titularse Escena de la vida de Juan Garín. La decisión se tomó tras la revisión de la ficha curatorial, impulsada por los hallazgos del historiador de arte Vicente Samper.
La obra, adquirida en 1993 con cargo al Legado Villaescusa, muestra a un ermitaño desnudo rodeado de cazadores y perros en un paisaje rocoso. El nuevo título sitúa al protagonista en la leyenda catalana del penitente Fray Juan Garín, alejándolo de la figura del padre de la Iglesia oriental.
Cómo la investigación de Vicente Samper reveló la verdadera identidad del personaje
Detalle del lienzo de Pedro Orrente 'Escena de la vida de Juan Garín' en el Museo del Prado
Samper cruzó inventarios de la colección del marqués del Carpio, Gaspar de Haro y Guzmán, y encontró una descripción de 1651 que habla de "un país de fray Garín" donde cazadores lo descubren entre piedras con sus perros. La referencia coincide con la composición del lienzo.
Una tasación de 1689, firmada por Claudio Coello y José Donoso, vuelve a describir la obra como "fray Juan Guarín de rodillas en cueros con dos muchachos y dos perros", atribuyéndola expresamente a Pedro Orrente. Esa coincidencia documental permite descartar la identificación anterior.
Samper también analizó la técnica pictórica y los rasgos iconográficos: la barba espesa, la cabellera desordenada y la postura encorvada son típicos de las representaciones de Garín en la tradición visual española, mientras que los atributos de San Juan Crisóstomo (libro, vestiduras eclesiásticas) nunca aparecen.
Contexto histórico del ermitaño Juan Garín y su presencia en el arte barroco
Juan Garín, ermitaño legendario vinculado a Montserrat, aparece en la literatura catalana desde el siglo XVI como símbolo de penitencia extrema. Según la versión de Cristóbal de Virués, Garín fue condenado a caminar a cuatro patas por el papa León IV, una humillación que lo transformó en una figura casi animal.
En el barroco español, la figura del penitente aislado se utilizó para explorar la relación entre el individuo y la naturaleza. Orrente, conocido por sus paisajes, aprovecha la escena para destacar la rudeza del terreno montañoso, relegando la figura humana a un pretexto que realza su interés por los escenarios naturales, una característica poco frecuente en la pintura española del siglo XVII.
La corrección del título no solo aclara la iconografía, sino que abre la puerta a nuevas interpretaciones sobre la representación de la penitencia y la naturaleza en el arte barroco. El Prado planea incluir la obra en futuras exposiciones temáticas que aborden la figura del ermitaño y el paisaje como espejo del conflicto interior.
Con la nueva denominación, los visitantes podrán comprender mejor la complejidad de la obra y el papel de la investigación documental en la reescritura de la historia del arte.