El consumo mundial de vino cayó 2,7 % en 2025, situándose en el nivel más bajo registrado desde 1957, según la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV). Este descenso se dio en todos los continentes y afectó tanto a vinos tintos como blancos y rosados. La caída refleja una pérdida de demanda que supera cualquier fluctuación anual anterior.
Los datos de la OIV indican que el consumo total alcanzó 94,8 millones de hectolitros, una reducción de 4,7 % respecto al año anterior. El precio medio del vino exportado descendió 2,1 %, situándose en 3,56 €/L. Los principales mercados mostraron retrocesos: EE. UU. ‑4,3 %, UE ‑3,1 %, España ‑5,2 %.
En China la demanda se contrajo 13 %, mientras que Brasil registró un aumento sorprendente del 41,9 %, alcanzando su máximo histórico. Portugal logró un crecimiento del 5,6 %, evidenciando que el panorama no es homogéneo. Estas variaciones ponen de relieve la creciente polarización del consumo global.
Datos consumo vino
Las exportaciones mundiales disminuyeron 4,7 % en volumen, llegando a 94,8 millones de hectolitros, y en valor, con una facturación de . El descenso en valor representa un por debajo de la media de los últimos cinco ejercicios. La presión inflacionaria y la competencia entre exportadores forzaron una rebaja de precios.
El precio medio del vino exportado cayó 2,1 %, situándose en 3,56 €/L. Esta reducción afecta la rentabilidad de los productores, especialmente en regiones con costes de producción elevados. Los márgenes de beneficio se estrechan, obligando a los viticultores a buscar eficiencias.
En Estados Unidos, el consumo cayó 4,3 %, reduciéndose a 31,9 millones de hectolitros. La Unión Europea experimentó una caída del 3,1 %, con Francia, Italia y Alemania como principales motores. España sufrió la mayor caída entre los grandes mercados, con un descenso del 5,2 %.
Brasil, por el contrario, registró un auge del 41,9 %, alcanzando 4,4 millones de hectolitros, lo que convierte al país en un nuevo punto de referencia del crecimiento. Portugal, con un incremento del 5,6 %, también se benefició de la reorientación del consumo hacia mercados emergentes.
Tendencia consumo vino
Desde 2018, el consumo global de vino ha disminuido un 14 %, una tendencia sostenida que supera cualquier recesión anterior. La caída acumulada refleja cambios estructurales en la demanda y en la oferta. Los analistas atribuyen este descenso a tres factores principales.
Primero, los aranceles impuestos por Estados Unidos y otras economías han encarecido las importaciones, reduciendo la competitividad del vino europeo. Segundo, los fenómenos climáticos extremos, como sequías e inundaciones, han mermado la producción en regiones clave. Tercero, los consumidores están migrando hacia bebidas con menor contenido alcohólico, como cervezas ligeras y refrescos sin alcohol.
La producción mundial mostró una ligera recuperación del 0,6 %, alcanzando 227 millones de hectolitros, pero España sufrió una contracción del 7,7 %, produciendo 28,7 millones de hectolitros. Italia aumentó su producción en 0,7 % y Francia se mantuvo estable, aunque ambos se encuentran por debajo de la media quinquenal.
El clima adverso en España provocó su tercer año consecutivo de sequía y olas de calor, reduciendo los rendimientos de los viñedos. Este escenario agrava la presión sobre los precios y la capacidad exportadora del país, que es el tercer productor mundial.
Futuro vino
A corto plazo, el sector vitivinícola enfrenta escenarios de consolidación y presión sobre los márgenes. Los productores más pequeños podrían buscar alianzas o vender sus bodegas para sobrevivir. La competencia en precios obligará a los grandes exportadores a optimizar sus cadenas de suministro.
Sin embargo, existen oportunidades en el segmento premium, donde la demanda de vinos de alta calidad y origen protegido sigue creciendo. Los mercados emergentes, especialmente en Asia y América Latina, ofrecen espacio para diversificar la exportación.
Los expertos recomiendan a los viticultores adaptar sus variedades a condiciones climáticas más extremas, invertir en tecnologías de riego y seleccionar cepas resistentes. La sostenibilidad y la reducción de la huella de carbono también se convierten en requisitos para acceder a nuevos canales de venta.
En definitiva, la caída del consumo mundial de vino en 2025 marca un punto de inflexión que obligará a la industria a reinventarse. La capacidad de adaptación determinará si el sector mantiene su relevancia económica y cultural en los próximos años.