El hallazgo principal

Un equipo de investigadores de University College London ha publicado en la revista Innovation in Aging que las personas que realizan al menos una actividad cultural —como leer, asistir a conciertos o visitar museos— una vez a la semana envejecen biológicamente un 4 % más despacio, según los llamados relojes epigenéticos. El estudio, publicado en junio de 2024, se basa en datos recogidos durante 2023 y cubre a adultos de entre 40 y 80 años.

El hallazgo cobra relevancia porque los relojes epigenéticos son uno de los indicadores más precisos del desgaste celular y están vinculados a la aparición de enfermedades crónicas.

Metodología y mecanismos

Para llegar a la conclusión, los científicos analizaron sangre y encuestas de 3.556 participantes. Cada encuestado informó la frecuencia y variedad de sus actividades culturales y se le tomó una muestra de sangre para medir la metilación del ADN, el marcador que alimenta los relojes epigenéticos. Los participantes fueron seleccionados de forma aleatoria en distintas regiones del Reino Unido, garantizando una muestra representativa de la población urbana y rural.

Los resultados mostraron una correlación directa: cuanto más frecuente y diversa era la participación cultural, menores eran los signos de envejecimiento epigenético. Los autores atribuyen este efecto a la combinación de estímulos emocionales, cognitivos, sociales y físicos que las artes proporcionan, los cuales reducen el estrés y la inflamación, dos motores conocidos del envejecimiento prematuro.

Implicaciones para la salud pública

La implicación práctica es sencilla: incluir lecturas, música, teatro o visitas a galerías en la agenda semanal podría convertirse en una medida preventiva accesible. Ya se ha demostrado que estas actividades mejoran la salud mental y cardiovascular. Un informe reciente sobre el trauma infantil vinculado a enfermedades físicas en adultos sugiere que intervenciones no farmacológicas, como la cultura, pueden romper ciclos de riesgo (más información).

Los responsables de salud pública podrían, por tanto, promover programas culturales gratuitos o subvencionados en centros comunitarios y residencias de mayores. La medida requeriría poca inversión comparada con los costos de tratamientos de enfermedades cardiovasculares, y al mismo tiempo fomentaría la cohesión social. Incluso la baja autoestima entre jóvenes se ha relacionado con la falta de acceso a actividades artísticas, lo que refuerza la necesidad de políticas inclusivas (ver detalle).

Qué puede suceder

Los autores esperan ampliar el estudio a otras poblaciones para validar los resultados y confirmar si la desaceleración observada se mantiene a largo plazo. Mientras tanto, los ciudadanos pueden aplicar el consejo sin esperar a futuros estudios: dedicar al menos una hora a la cultura cada semana es una apuesta segura para preservar la vitalidad. La ciencia ya muestra que el arte no solo alegra el espíritu, sino que también protege el ADN.

Jesus Gil Moreno
Jesus Gil Moreno

Redactor científico

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