Descubrimiento del uso del fuego hace 1,8 millones de años en la cueva Wonderwerk
Un estudio liderado por el Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN‑CSIC) y la Universidad de Toronto ha identificado rastros de combustión en la cueva Wonderwerk, situada en la provincia de Northern Cape, Sudáfrica. Las huellas datan entre 1,07 y 1,79 millones de años, lo que sitúa el uso del fuego en el Pleistoceno temprano.
Los investigadores encontraron capas de sedimento impregnadas de hollín y fragmentos óseos calcinados que indican la presencia de fogatas dentro de la cueva, a unos 30 metros de su entrada. La ubicación interior descarta incendios naturales que pudieran haber llegado accidentalmente.
Este descubrimiento se publica en la revista PLOS ONE, donde los autores describen la evidencia como la más antigua y segura de uso deliberado del fuego por homínidos.
El equipo español estuvo encabezado por María Dolores Marín‑Monfort y Yolanda Fernández‑Jalvo, quienes subrayan que, aunque no se hallan pruebas de que los homínidos produjeran fuego, sí lo transportaron y mantuvieron de forma regular.
Los restos calcinados incluyen huesos de pequeños mamíferos, como roedores y lagomorfos, que presentan marcas de quemado compatibles con la cocción deliberada. La presencia de estos animales sugiere una dieta que incorporaba alimentos cocidos.
Este hallazgo se suma a otros descubrimientos recientes en África, como las camas prehistóricas en Border Cave, que también amplían nuestro conocimiento sobre los hábitos de los primeros humanos.
Detalles del hallazgo y la metodología empleada
Para distinguir entre fuego natural y uso humano, los científicos aplicaron una nueva técnica basada en la luminiscencia de los huesos quemados. Esta metodología permite identificar si el calor provino de una combustión directa o de procesos geológicos posteriores.
La técnica, descrita como no invasiva y rápida, se realizó directamente en el sitio de excavación, evitando la necesidad de transportar muestras a laboratorios lejanos. Gracias a ella, los investigadores pudieron mapear la distribución de los rastros de fuego a lo largo de varios estratos.
Los análisis revelaron tres niveles estratigráficos con evidencia de combustión, lo que indica que el fuego no fue un evento aislado, sino una práctica repetida a lo largo de varios cientos de miles de años.
Los científicos también emplearon espectroscopia de masas para detectar compuestos orgánicos asociados al hollín, confirmando la presencia de materiales quemados y descartando contaminaciones posteriores.
Los hallazgos incluyen fragmentos óseos con cambios microestructurales característicos de la exposición a altas temperaturas, como la desmineralización de la matriz ósea y la cristalización de hidroxiapatita.
Esta metodología abre la puerta a revisitar otros yacimientos antiguos sin dañar los restos, lo que podría revelar más casos de uso temprano del fuego en el continente africano.
Importancia del hallazgo para la evolución humana
El descubrimiento desplaza la cronología aceptada del dominio del fuego en varios cientos de miles de años, situando a los homínidos del género Homo como usuarios habituales del fuego mucho antes de la aparición de Homo erectus tradicionalmente asociado al control del fuego.
El acceso al fuego habría permitido a los primeros humanos ampliar sus actividades nocturnas, protegerse de depredadores y procesar alimentos, lo que a su vez favoreció cambios en la morfología dental y en el desarrollo cerebral.
Aunque todavía no se ha demostrado que estos homínidos produjeran fuego, el hecho de que lo transportaran y mantuvieran dentro de una cueva sugiere una comprensión avanzada de sus propiedades y beneficios.
Los autores advierten que futuros trabajos podrían encontrar evidencia de producción de fuego, lo que consolidaría la idea de que el control del fuego fue un paso clave en la evolución cultural.
Este hallazgo también tiene repercusión en la interpretación de otros sitios arqueológicos, como el reciente descubrimiento de tres collares de oro de 3 000 años en Prahova, que muestra la complejidad de las sociedades prehistóricas.
En conclusión, la evidencia de uso intencional y recurrente del fuego en Wonderwerk refuerza la idea de que los primeros homínidos poseían habilidades cognitivas y sociales más avanzadas de lo que se pensaba, marcando un hito en la comprensión de nuestra propia historia evolutiva.