La publicación científica Frontiers in Earth Science ha presentado un análisis detallado del comportamiento magmático que culminó en la erupción del volcán Tajogaite en La Palma durante 2021. El trabajo, liderado por investigadores de la Universidad de Barcelona, el Instituto Geográfico Nacional y otras instituciones, describe cómo se desarrolló el proceso eruptivo y qué lecciones se pueden extraer para la vigilancia futura.
El estudio combina datos petrológicos, geoquímicos y geofísicos, y muestra que la erupción no fue el resultado de un único ascenso repentino de magma, sino de una serie de tres intrusiones magmáticas: la primera entre 2017‑2018, la segunda en 2020 y la tercera en las semanas previas a septiembre de 2021. Estos hallazgos se basan en el análisis de cristales de olivino, utilizados como relojes minerales para fechar los episodios de recarga magmática.
Volcán Tajogaite: nuevo estudio revela cómo se anticipó la erupción de 2021
Los investigadores identificaron que la última intrusión, la más cercana al inicio de la actividad eruptiva, desencadenó la erupción en un plazo estimado de 10‑30 días. Este intervalo se obtuvo al medir la difusión química en los cristales de olivino, que registran cambios de composición a medida que el magma se mueve y se enfría. La técnica permite reconstruir con precisión la cronología de los eventos internos, algo que hasta ahora era difícil de lograr.
El análisis también reveló que los primeros magmas expulsados eran más evolucionados y presentaban cristales con zonación oscilatoria, indicativo de la apertura del conducto eruptivo y de un ascenso rápido del magma hacia la superficie. Estos rasgos químicos sirvieron de indicadores tempranos de que el sistema estaba entrando en una fase crítica.
Detalles del proceso magmático y la metodología del estudio
Para construir la cronología, el equipo estudió la difusión de elementos como el hierro y el magnesio dentro de los cristales de olivino. Cada cristal actúa como una pequeña cápsula que conserva la firma química de los procesos profundos, permitiendo estimar cuándo se produjeron recargas o movimientos del magma. Además, se cruzaron estos datos con mediciones de deformación del terreno mediante GNSS, interferometría radar InSAR y la altura de la columna eruptiva registrada por satélites.
Un hallazgo relevante fue el desfase de aproximadamente cinco días entre los picos de deformación del terreno y los máximos de altura de la columna eruptiva. Este retraso sugiere que el magma se acumuló y presurizó antes de ser expulsado, confirmando la existencia de fases de acumulación, presurización y expulsión posteriores. Durante la segunda mitad de la erupción, el sistema evolucionó hacia una zona de crystal mush, una mezcla parcialmente cristalizada que puede permanecer almacenada en la corteza antes de un nuevo ascenso.
Implicaciones para la prevención de futuras crisis volcánicas en Canarias
Los autores concluyen que la vigilancia volcánica debe integrar de forma conjunta la sismicidad, la deformación del terreno, la emisión de gases y la composición del magma. Analizar cada parámetro por separado puede ocultar señales clave que, combinadas, permiten anticipar una erupción con semanas de antelación. Esta metodología resulta especialmente útil en sistemas monogenéticos como Cumbre Vieja, donde cada erupción puede abrir nuevos focos eruptivos.
La aplicación de estos hallazgos podría mejorar la gestión de emergencias en Canarias, proporcionando a autoridades y población información más fiable y con mayor antelación. La necesidad de una vigilancia eficaz recuerda a otras áreas de gestión de riesgos, como la planificación de grandes eventos culturales, por ejemplo la próxima gira de Quevedo en 2027, que también depende de una preparación anticipada Quevedo confirma gira 2027 en España con fechas en Madrid y Barcelona.
En conclusión, el estudio del volcán Tajogaite no solo aporta una visión más clara del proceso eruptivo de 2021, sino que también ofrece una hoja de ruta para la detección temprana de futuras crisis volcánicas en el archipiélago. La combinación de técnicas mineralógicas y geofísicas abre la puerta a una vigilancia más precisa, lo que podría traducirse en evacuaciones más ordenadas y una reducción significativa del impacto humano y económico en caso de nuevas erupciones.
Vista panorámica del volcán Tajogaite en erupción, con columna de ceniza elevándose sobre el paisaje de La Palma