El gallo de Portugal: la columna que enlaza recuerdos personales con los Mundiales
Josep Maria Fonalleras publica una opinión en la que describe a un amigo cuya memoria se ancla a los torneos de fútbol. Cada hito de su vida —un empleo, un coche, una boda— se remonta a un Mundial concreto. El autor usa este recurso para explicar la fuerza simbólica que tienen los eventos deportivos en la cronología individual.
El texto destaca que, más allá del espectáculo, los Mundiales ofrecen un marco temporal compartido. Cuando el amigo menciona la tarde en que Rossi anotó tres goles a Brasil, el lector entiende inmediatamente la época. Así, la columna muestra cómo el fútbol se convierte en un calendario colectivo que ayuda a los mayores a situarse en el tiempo.
Cómo los Mundiales sirven de referencia temporal: el caso del autor y el gallo de 1966
Fonalleras recuerda su propio episodio de 1966, cuando Portugal llegó a la semifinal contra Inglaterra. En esa ocasión, su padre le regaló un gallo de Barcelos traído de Lisboa. El ave, con su pico amarillo y cresta roja, quedó expuesta en el salón familiar.
Durante el partido, el autor, absorto en la transmisión, dejó caer el gallo; el objeto se rompió en mil pedazos. El autor narra que intentó recomponerlo sin éxito, y que aquel accidente quedó grabado como la señal de que aquel Mundial marcó el fin de una etapa juvenil. Ese fragmento ilustra cómo un suceso deportivo puede fijar un recuerdo físico y emocional al mismo tiempo.





