Un equipo del University College London ha publicado en PLOS Genetics los resultados de un análisis que compara el índice de masa corporal (IMC) y variantes genéticas asociadas a la obesidad en cuatro cohortes británicas nacidas en 1946, 1958, 1970 y 2001. El trabajo, liderado por el investigador Liam Wright, muestra que la relación entre esas variantes y un IMC elevado se ha reforzado en las dos generaciones más recientes y que el efecto se acentúa con la edad.
Genética y obesidad: estudio británico revela mayor impacto del entorno
Los autores constataron que, pese a que los genes implicados no han variado en las últimas décadas, la asociación entre dichos marcadores genéticos y la obesidad ha aumentado notablemente. En la cohorte de 1946, el efecto genético sobre el IMC se cuantificó en 0,46; en la generación de 2001, ese valor se ha duplicado, indicando que el entorno actual potencia la expresión de la predisposición hereditaria.
Este hallazgo confirma la advertencia de expertos como Cristóbal Morales de la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (Seedo), quien afirma que «el código postal hace que el código genético se exprese con mucha más fuerza». El estudio sitúa la genética como un factor estable, mientras que el entorno actúa como amplificador.





