El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha asegurado en múltiples ocasiones que su país ha logrado una victoria contundente en la guerra contra Irán durante el último mes. Sin embargo, la realidad en el terreno es bien diferente. A pesar de los esfuerzos de Trump por presentar la situación como favorable, la guerra ha entrado en una fase aún más peligrosa y compleja.
La estrategia de Irán ha demostrado ser más efectiva de lo que muchos esperaban. El país ha utilizado una combinación de misiles balísticos, drones y guerra indirecta para desafiar a sus enemigos en la región. Los ataques iraníes no se han limitado a objetivos israelíes, sino que también han alcanzado a países del Golfo que previamente se mantenían al margen del conflicto, como Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Qatar y Bahrein.
La respuesta de Estados Unidos ha sido insuficiente para detener la ofensiva iraní. A pesar de la superioridad tecnológica occidental, la guerra ha evidenciado que la cantidad y la determinación pueden ser más importantes que la calidad. Irán ha logrado mantener el Estrecho de Ormuz bajo su control, lo que ha generado una presión económica significativa a nivel mundial.
El analista Danny Citrinowicz, del Atlantic Council, afirma que "el régimen iraní ha comprobado el gran poder global que puede ejercer al cerrar el estrecho de Ormuz y provocar presión económica a nivel mundial". Citrinowicz añade que "si Trump intensifica la situación atacando la isla iraní de Jark o la infraestructura energética regional, el Estrecho de Bab el Mandeb se convertiría en una vía crucial para que el régimen demostrara su poder".
La guerra ha puesto de relieve la paradoja de la superioridad tecnológica occidental. A pesar de los sistemas avanzados de defensa antimisiles desplegados por Estados Unidos e Israel, el ritmo de los ataques iraníes y su estrategia de saturación han puesto en evidencia las limitaciones de estos sistemas.
La situación en el terreno es cada vez más compleja. Las monarquías del Golfo han pasado de la neutralidad a endurecer su discurso contra Irán, pero sin querer implicarse directamente en la guerra. Omán mantiene su papel de mediador discreto, mientras que Qatar intenta preservar canales de diálogo en un entorno cada vez más polarizado.
Estados Unidos ha presumido de haber liquidado una buena parte del ejército de Irán y su Guardia Revolucionaria, pero Irán sigue siendo capaz de mantener el Estrecho de Ormuz bajo su control con unos cuantos drones al día. La guerra se está librando en el terreno de la aritmética: cuánto puede resistir cada bando el desgaste.
El profesor y experto en geopolítica Óscar Vara afirma que "las opciones militares de Estados Unidos están llenas de trampas". Vara añade que "incautar el uranio enriquecido enterrado en Isfahán suena quirúrgico sobre el papel, pero en la práctica sería una operación extremadamente compleja".
Los números de esta aventura militar son de guerra de alta intensidad: miles de muertos y un despliegue descomunal con el que Estados Unidos e Israel han alcanzado, siempre según ellos, 10.000 objetivos en la región y han hundido el 92% de la marina de guerra de Teherán. Washington ha usado 850 misiles Tomahawk en este esfuerzo, con un gasto que supera los 23 millones de dólares por segundo.
La administración estadounidense se enfrenta al dilema clásico de las guerras contemporáneas: cómo transformar la ventaja táctica en un resultado estratégico claro. Pero las dudas sobre la "teoría de la victoria" son cada vez más visibles, incluso entre mandos militares que advierten del riesgo de una escalada fuera de control.
La guerra no muestra signos de resolución inmediata. Ninguno de los actores parece dispuesto a ceder, pero tampoco existe un camino claro hacia la victoria. Oriente Próximo ha entrado en una nueva fase, más inestable y peligrosa, en la que el equilibrio ya no depende solo de la disuasión, sino de la capacidad de cada actor para gestionar una escalada que amenaza con ir más allá de sus propias intenciones.
La realidad es que antes del 28 de febrero el Estrecho de Ormuz estaba abierto y ahora no lo está. O peor aún, lo está solo para aquellos armadores que paguen a Teherán dos millones de dólares, pero en yuanes chinos. Y mientras la realidad sea esa, no hay victoria que pueda cantarse.
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Editora de Tecnología
Editora de tecnología. Especialista en inteligencia artificial y transformación digital.
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