El inspector jefe Manuel Morocho, conocido como el agente 81.067, ha jugado un papel crucial en el juicio por el espionaje a Luis Bárcenas utilizando fondos reservados. Su testimonio ha desmontado la coartada de los acusados, revelando una trama de corrupción policial que involucró a altos mandos de la Policía.
La lucha contra la corrupción policial
Morocho, bajo las órdenes del juez Pablo Ruz, investigó los casos Gürtel y la caja B del PP. Sin embargo, sus superiores intentaron sabotear su trabajo y convertir su vida en un suplicio durante cuatro años. A pesar de las presiones, Morocho resistió y finalmente reveló las maniobras para que la causa judicial contra el PP fracasara.
El agente 81.067 detalló cómo los mandos policiales compraron al chófer de los Bárcenas con dinero público, robaron documentación al extesorero, allanaron un local de su esposa y orquestaron vigilancias a la familia 24 horas. Estas acciones demostraron que la operación Kitchen fue ilegal y que los acusados mintieron sobre sus intenciones.
Las presiones sobre Morocho
Durante la instrucción del caso Kitchen, Morocho desmontó la coartada de los acusados. Él era el único responsable de investigar la caja B bajo las órdenes de Pablo Ruz, y ni él ni el juez fueron informados de las maniobras de la brigada política. Los superiores de Morocho presionaron para que no incluyera nombres de responsables políticos en el informe, especialmente el de Mariano Rajoy.
El Ministerio del Interior se implicó en el acoso a Morocho, acusándolo de filtrar un informe de Gürtel. Aunque los informes policiales circulaban por todas las redacciones, el Ministerio mantuvo la acusación contra el Grupo XXI. Morocho y sus agentes fueron interrogados por Asuntos Internos, que estaba liderada por uno de los comisarios que se sentará en el banquillo, Marcelino Martín Blas.
La venganza del agente 81.067
Morocho declaró que las presiones comenzaron antes de que el Partido Popular llegara al poder. La formación de Rajoy había cargado contra la UDEF, acusando a los policías de "fabricar pruebas" en Gürtel. Los superiores de Morocho se preparaban para el cambio de Gobierno en 2011, y el comisario José Luis Olivera fue clave en la trama.
El papel de Olivera y Villarejo
Olivera, el jefe de la UDEF, pensaba que iba a ser defenestrado, pero consiguió un puesto de más relevancia en el Ministerio del Interior. Desde su nuevo cargo, Olivera urdió el montaje de la cocaína contra Miguel Urbán para atacar a Podemos. Mientras tanto, Villarejo escribió en sus agendas sobre la necesidad de transmitir presión a Morocho.
La estrategia de la brigada política
La brigada política intentó captar al chófer de Bárcenas como topo, pero este se resistió. Así que recurrieron al policía Andrés Gómez Gordo, que había trabajado junto a él para Francisco Granados. Gómez Gordo dejó de ser la sombra de Cospedal en Toledo y regresó a Madrid para dirigir el trato con el confidente.
El ofrecimiento de Gómez Gordo
Gómez Gordo se sentará en el banquillo de los acusados de Kitchen. La Fiscalía solicita para él la pena más alta, junto a Fernández Díaz, Martínez y Eugenio Pino, 15 años de prisión. Mientras tanto, Morocho entregó un informe al juez del caso Kitchen que concluía que el Ministerio del Interior había buscado vulnerabilidades en Bárcenas y su entorno.
La maniobra exculpatoria
Gómez Gordo introdujo en una base de datos policial indicadores del trabajo de vigilancia y seguimientos realizados en el marco del operativo para justificar un "simple refrito de datos". La maniobra exculpatoria quedó al descubierto.
La importancia del testimonio de Morocho
El testimonio de Morocho ha sido clave en el juicio por el espionaje a Luis Bárcenas. Su relato ha desmontado la coartada de los acusados y ha revelado la trama de corrupción policial que involucró a altos mandos de la Policía. El agente 81.067 ha demostrado ser un verdadero héroe en la lucha contra la corrupción.