La tregua que nadie cree del todo
El acuerdo de dos semanas entre Estados Unidos e Irán ha detenido momentáneamente la escalada militar, pero deja abiertas todas las preguntas importantes. Trump ha amenazado con aplicar aranceles a cualquier país que venda armas a Teherán, un movimiento que busca aislar aún más al régimen iraní durante las negociaciones que comenzarán el próximo viernes en Islamabad.
La caída inmediata del precio del petróleo y el optimismo en los mercados financieros son indicios de que Wall Street respira aliviado. Pero eso no significa que la paz esté cerca. Ambos bandos cantan victoria —una mala señal en cualquier negociación— y los analistas estadounidenses advierten que Trump está adulterando la realidad de lo conseguido hasta ahora.
Lo que Trump dice haber logrado (y lo que no ha logrado)
El secretario de Defensa, Pete Hegseth, afirma que se han cumplido los objetivos esenciales. La realidad es más complicada. Trump no ha conseguido el cambio de régimen que amenazaba hace semanas. Israel sigue operando en el Líbano sin someterse a lo pactado. Y la reapertura segura del Estrecho de Ormuz —condición fundamental del acuerdo— dependerá de que Irán coopere bajo supervisión militar propia.
Lo más difícil aún está por venir. El acuerdo de diez puntos presentado por Irán incluye exigencias que Teherán nunca ha aceptado: renunciar al uranio enriquecido, incluso para mantener operativa su central nuclear de Bushehr, y entregar completamente su arsenal de misiles y drones. Los analistas sin vínculos con la Administración Trump coinciden en que esto es prácticamente imposible.
Por qué ambos lados necesitan un acuerdo (pero no al mismo precio)
La Casa Blanca tiene prisa. Las encuestas muestran que la aprobación de Trump oscila entre el 35% y el 40%, y necesita zanjar la guerra antes de noviembre para recuperar apoyo electoral. En Irán, la situación es distinta. El régimen de los ayatolás dispone de mecanismos represores que actúan sin contemplaciones, así que la opinión pública no importa. Lo que importa es la supervivencia del sistema.
Teherán necesita un modus vivendi que aleje el fantasma de la guerra durante un tiempo razonable. Pero también necesita sacar tajada de la crisis económica que se vislumbra. Esa es la brecha: Trump quiere una victoria presentable para las elecciones; Irán quiere garantías de que no volverá a estar en el punto de mira.
El riesgo de que todo se desmorona
Cualquier incidente puede romper la tregua. Un dron iraní que se desvíe. Un ataque israelí en el Líbano que se extienda al territorio iraniano. Una declaración fuera de lugar. La fragilidad del acuerdo es evidente para quien quiera verla.
Europa queda fuera de esta ecuación. Mientras Washington e Islamabad negocian en Paquistán, la OTAN debe enfrentar un debate incómodo: cómo contrarrestar el lenguaje despreciativo de Trump hacia la alianza. Es verdaderamente chocante que al presidente le resulte más fácil pergeñar un acuerdo con Irán que mantener la confianza de los socios históricos de Estados Unidos.
Qué viene ahora
Las negociaciones en Islamabad comenzarán el viernes. Dos semanas es poco tiempo para resolver décadas de desconfianza. Si el acuerdo prospera, será porque ambos lados aceptaron algo menos que lo que pedían. Si se desmorona, el mundo volverá al borde del precipicio.
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Corresponsal Internacional
Corresponsal internacional con base en Bruselas. Experta en asuntos europeos.
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