La noticia

Un estudio coordinado por la Sociedad Española de Neurología (SEN), la Universidad Rey Juan Carlos (URJC) y el Centro de Investigación Biomédica de la Obesidad y Nutrición (CIBEROBN) ha analizado cómo el uso de dispositivos móviles durante las comidas afecta a nuestro comportamiento alimentario y nuestras emociones. Los resultados son claros: el móvil en la mesa es un enemigo silencioso de la regulación natural del apetito.

Los hallazgos principales

La conclusión más contundente del trabajo es que usar el teléfono mientras se come aumenta la ingesta calórica aproximadamente un 30%. Pero el problema va más allá de los números en la báscula.

Cuando comemos distraídos por el móvil, desatendemos las señales internas que nuestro cuerpo envía. "Se desconectan de sus señales de hambre y saciedad, permanecen hiperconectados al exterior", explican los investigadores. Esto significa que dejamos de escuchar a nuestro cuerpo y empezamos a comer por automatismo, viendo redes sociales o contenidos de menos de un minuto que capturan nuestra atención.

La velocidad también cambia. Cuando el móvil está en la mesa, comemos más rápido. Y aquí está el problema fisiológico: la saciedad tarda una media de treinta minutos en registrarse en el hipotálamo, la región del cerebro que controla el apetito. Si devoramos la comida en cinco minutos mirando TikTok, nuestro cerebro aún no ha recibido el mensaje de que estamos llenos cuando ya hemos terminado de comer.