La noticia: cuando todos tienen razón sobre lo que no saben
España sufre una enfermedad crónica de comunicación política: la costumbre de afirmar con seguridad absoluta lo que apenas merece una hipótesis. Cada vez que el Instituto Nacional de Estadística o la Seguridad Social publican un dato, en cuestión de minutos aparecen comunicados de gobiernos, partidos, sindicatos y patronales explicando no solo qué ocurrió, sino por qué ocurrió. Y lo hacen con una certeza que resultaría cómica si no fuera tan peligrosa para el debate público.
Hace pocos días, las cifras de afiliación a la Seguridad Social tardaron menos de una hora en tener múltiples explicaciones contradictorias. La recuperación se debía a la política económica del Gobierno, o a la fortaleza empresarial, o al dinamismo del mercado, o a la reforma laboral, o al buen tiempo. Cada actor había encontrado su causa predilecta con una velocidad incompatible con cualquier análisis riguroso.
El problema: confundir lo que es con lo que causa
Vivimos instalados en una cultura del indicativo. Todo "es", todo "produce", todo "genera". La reforma laboral "ha reducido" la temporalidad. El aumento del salario mínimo "ha destruido" empleo. La política fiscal "ha impulsado" el crecimiento. Obsérvese el patrón: sujeto, verbo en indicativo, complemento. Oración simple, afirmación rotunda, causalidad implícita.
El problema es que entre el sujeto y el complemento hay un abismo metodológico que nadie parece dispuesto a cruzar. Establecer que una política pública ha "causado" un resultado determinado es una de las tareas más complejas de las ciencias sociales. Requiere datos, contrafactuales, grupos de control, técnicas econométricas y, sobre todo, tiempo. Mucho más tiempo del que transcurre entre la publicación de un dato y la emisión de un comunicado de prensa.





