Premio del Jurado en Cannes y candidatura a los Oscar
El sonido de la caída, dirigida por Mascha Schilinski, recibió el Premio del Jurado en el Festival de Cannes 2025, compartido con Sirat de Oliver Laxe. La distinción se concedió en la jornada de clausura, frente a una audiencia internacional que aplaudió la originalidad del film.
Fotograma de 'El sonido de la caída' mostrando la atmósfera etérea de la granja de Altmark
La ceremonia se desarrolló bajo la lluvia de aplausos y la directora subió al escenario para agradecer a la jurado por reconocer una obra que explora la memoria a través de la fotografía post‑mortem. "Es un honor que la historia de una granja alemana haya resonado en un festival tan prestigioso", declaró Schilinski.
Tras la victoria, Alemania anunció que El sonido de la caída será su candidatura oficial a la categoría de Mejor Película Internacional en los Premios Oscar 2026. La decisión se tomó en el Comité de Selección del país, que buscaba una propuesta que combinara arte y reflexión histórica.
Mascha Schilinski, nacida en Berlín Occidental en 1984, ha trabajado como fotógrafa antes de incursionar en el cine. Su experiencia con imágenes antiguas la llevó a concebir una narrativa visual donde los muertos aparecen más nítidos que los vivos.
Cómo la directora construye una saga de fantasmas a través de la fotografía post‑mortem
La película sigue a cuatro mujeres de la misma familia, desde los últimos años de la Primera Guerra Mundial hasta la actualidad, todas habitando la misma granja en Altmark. Cada generación enfrenta un trauma silente que se transmite como una sombra en los retratos familiares.
Schilinski y el director de fotografía Fabian Gamper recrean los daguerrotipos post‑mortem usando cámaras de gran formato y tiempos de exposición prolongados. El resultado son imágenes donde los cuerpos aparecen perfectamente enfocados, mientras los vivos se desdibujan en halos espectrales.
La inspiración proviene de archivos reales de fotógrafos rurales alemanes que, por falta de recursos, solo podían contratar a un retratista para inmortalizar a los fallecidos. "Los vivos se movían y quedaban borrosos, los muertos quedaban inmóviles y claros", explica la directora.
Esta técnica sirve de hilo conductor entre las cuatro protagonistas: una joven soldada en 1918, una madre viuda en los años 30, una adolescente en la posguerra y una anciana en la era digital. Cada una descubre, a través de los retratos, una versión distinta de la misma memoria familiar.
La granja de Altmark se transforma en un escenario atemporal, donde los muros guardan los ecos de cada época. Las paredes, los campos y los objetos cotidianos aparecen como testigos mudos de los cataclismos que sacudieron a Europa.
La atmósfera que se respira es hipnótica y deslumbrante: lo oculto y lo visible se entrelazan, creando una sensación de estar entre dos mundos. El sonido, a menudo apenas un susurro, refuerza la idea de que la historia se cuenta en murmullos.
"La memoria hace y deshace recuerdos con el humo de la imaginación", afirma Schilinski, subrayando que la película es una meditación sobre la fiabilidad de los recuerdos y la construcción de una memoria activa.
Contexto cultural: el renacer del cine alemán en festivales internacionales
Cannes sigue siendo el epicentro donde el cine europeo muestra su mejor cara, y la victoria de El sonido de la caída refuerza la creciente presencia alemana en la competición. En los últimos años, directores como Fatih Akin han llevado al público español obras que combinan crítica social y estética audaz.
El éxito de la película se inserta en una tendencia que privilegia narrativas experimentales y una estética que desafía los géneros tradicionales. Los jurados internacionales premian cada vez más la capacidad de los cineastas para mezclar historia y forma.
El reconocimiento en Cannes y la candidatura a los Oscar no solo ponen en alto a Schilinski, sino que también afirman a Alemania como un laboratorio de ideas donde lo histórico se reinventa con recursos contemporáneos.
En los próximos meses, la película se presentará en los circuitos de premios europeos y en salas de arte de todo el continente. Su paso por los Oscar podría abrir la puerta a una mayor distribución y a un debate público sobre la forma en que recordamos a los muertos.
El sonido de la caída invita al espectador a cuestionar su propia relación con la memoria, a reconocer que lo que vemos en una foto es tan subjetivo como el recuerdo que la acompaña. La película, con su estilo hipnótico y su crítica sutil, promete seguir resonando mucho después de que los créditos terminen.