Razvan Borza Porumb, un joven investigador de origen rumano y corazón español, ha recorrido un camino excepcional desde su llegada a Logroño con apenas ocho años. Su infancia en un barrio obrero y su educación en colegios públicos no le impidieron alcanzar sus metas y convertirse en un destacado biólogo molecular. "Mi historia es un ejemplo de que, con esfuerzo y dedicación, se pueden superar las barreras", afirma.
Su camino comenzó en el CEIP Vuelo Madrid-Manila y continuó en el IES Tomás Mingot, ambos en Logroño. Posteriormente, estudió Biología en Salamanca y un máster en la Universidad Autónoma de Madrid. "Durante mi grado tuve la suerte de hacer mis primeras prácticas en el CIBIR, en Logroño. Fue mi primer contacto real con la investigación y fue clave que estuviera en mi ciudad porque económicamente no hubiera podido permitirme ir a otro sitio", recuerda.
Para Razvan, las limitaciones son principalmente psicológicas. "Cuando no tienes referentes con los que identificarte, cuando no ves a nadie de tu entorno que haya hecho algo parecido a lo que tú quieres hacer, es difícil creer que es posible". Por eso, considera crucial visibilizar trayectorias como la suya. "No se trata de decir 'yo pude, cualquiera puede' de forma simplista, sino de que un chico o chica de una ciudad pequeña como Logroño, desde un colegio o un instituto público, sepa que ese camino es transitable".
Actualmente, trabaja en el Netherlands Cancer Institute (NKI) en Ámsterdam, uno de los principales centros de investigación oncológica de Europa. Allí se dedica a la biología estructural, estudiando la vida a nivel molecular. "Mi trabajo consiste en hacer fotografías de la maquinaria molecular a escala atómica, para entender dónde está el fallo y diseñar fármacos que actúen justo ahí", explica.





