La eterna disputa entre los que prefieren comenzar el día con una ducha refrescante y aquellos que no conciben acostarse sin antes darse un baño relajante ha generado un debate sin fin. Desde el punto de vista de la dermatología, la doctora Ana Molina afirma que 'al final, da igual en qué momento del día nos duchemos, siempre y cuando sean duchas cortas'. Sin embargo, existen argumentos científicos que respaldan ambos hábitos.
Para muchos, la ducha matutina es esencial para despertar con energía y vitalidad. Estudios realizados por la psicóloga de Harvard, Shelley Carson, sugieren que ducharse por la mañana puede ayudar a estar relajado y alerta, además de fomentar la creatividad. De hecho, se ha llegado a extremos como el de Steve Jobs, quien confesó ducharse hasta quince veces al día en épocas de intensa creatividad.
Por otro lado, quienes defienden la ducha nocturna argumentan que ayuda a conciliar el sueño de manera más efectiva. La doctora Molina explica que 'por la noche, la ducha nos ayuda a relajarnos' gracias a que el agua regula la temperatura corporal, un factor clave para inducir el sueño. Además, ducharse antes de dormir evita transferir a las sábanas el maquillaje, el sudor y los contaminantes acumulados durante el día.
La experta también advierte sobre los peligros de la obsesión por la limpieza extrema. 'Nuestra piel está cubierta por un manto lipídico que nos protege de agresiones externas y mantiene la piel hidratada', explica. 'Si usamos jabones con alta capacidad detergente, favoreceremos las irritaciones y el picor'.





