Resultados del estudio

El equipo liderado por Elseline Hoekzema del Centro Médico Universitario de Ámsterdam ha publicado en Nature Communications (febrero) que el segundo embarazo produce alteraciones cerebrales más intensas que el primero. La investigación analizó a 110 mujeres divididas entre madres primerizas, madres con segundo hijo y mujeres sin hijos.

Detalles de los hallazgos

En la segunda gestación se observaron reducciones más pronunciadas de materia gris y modificaciones en la Red de Modo Predeterminado (RMN), red clave para la cognición social y la autorreflexión. Además, se detectaron cambios en la materia blanca de la red de atención dorsal y la red somatomotora, áreas implicadas en la vigilancia y el procesamiento sensorial.

Los cambios estructurales en la materia gris alcanzaron una magnitud superior a la registrada tras el primer embarazo, mientras que las alteraciones funcionales en la RMN fueron más transitorias, disipándose gradualmente en los primeros años posparto. "Cada embarazo deja una huella singular en el cerebro femenino", afirma Hoekzema.

Contexto de investigaciones previas

Un estudio pionero publicado en Nature Neuroscience (2015) demostró que el primer embarazo reduce la materia gris en zonas vinculadas a la empatía y que estos efectos pueden durar al menos seis años. El nuevo trabajo amplía esa evidencia al demostrar que el cerebro vuelve a remodelarse en la segunda gestación, con un patrón distinto.

Investigaciones posteriores habían confirmado la duración prolongada de los cambios estructurales, pero pocos datos existían sobre la segunda gestación. Este estudio cierra esa laguna y sugiere que la adaptación cerebral se afina con cada hijo.

Qué implica para las madres

Los hallazgos podrían explicar por qué las madres que cuidan a varios niños simultáneamente muestran una mayor capacidad de atención y respuesta a estímulos sensoriales. Sin embargo, los autores advierten que aún se desconocen las consecuencias a largo plazo para la salud mental y cognitiva.

Se espera que futuros trabajos exploren si estas adaptaciones favorecen la resiliencia o, por el contrario, aumentan la vulnerabilidad a trastornos neurológicos. Por ahora, la evidencia refuerza la idea de que la maternidad deja marcas duraderas en el cerebro.

Para quienes buscan mantener la salud cerebral, combinar la maternidad con hábitos como el entrenamiento de fuerza puede ser beneficioso. Asimismo, la investigación neurocognitiva sigue avanzando, como muestra el reciente estudio sobre el Parkinson.

Jesus Gil Moreno
Jesus Gil Moreno

Redactor científico

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