El Ministerio de Consumo ha publicado un estudio basado en datos del Catastro y la Encuesta Financiera de las Familias que muestra que, en 2022, el 63,9 % de los hogares españoles eran propietarios de su vivienda, una caída de más de diez puntos porcentuales respecto a 2008.
Propiedad de vivienda en España cae al 63,9% (2022)
En 2008, el 79 % de los hogares tenía una vivienda propia; en 2022 esa cifra se redujo a 63,9 %. Paralelamente, los hogares que viven en alquiler aumentaron de 11,9 % a 19,2 % y los caseros pasaron de 3,4 % a 9,8 %. Los datos provienen de la combinación de los registros catastrales y la Encuesta Financiera de las Familias, y se complementan con cifras del Banco de España que sitúan en 2024 la proporción de propietarios por encima del 70 %, aunque la tendencia a la baja persiste.
Factores detrás del descenso y aumento del alquiler
La crisis financiera de 2008 marcó el inicio de una caída sostenida de la compra de vivienda. El endurecimiento del crédito hipotecario limitó el acceso a la financiación, mientras que la concentración de inmuebles en manos de pocos propietarios aumentó la oferta de alquileres. Entre 2008 y 2022, la proporción de propietarios con más de una vivienda pasó de 46,1 % a 51,7 %, y los grandes tenedores (seis o más inmuebles) cuadruplicaron su patrimonio, pasando de 138 000 a casi 626 000 inmuebles. Este proceso ha impulsado que el alquiler suba del 11,9 % al 19,2 % del total de hogares.
La evolución del mercado crediticio también ha favorecido el alquiler: los bancos redujeron la concesión de hipotecas y aumentaron los requisitos de aval, lo que ha llevado a muchas familias a buscar alternativas de arrendamiento. En Barcelona, la reciente prórroga de alquiler permite contratos de hasta dos años, una medida que responde al crecimiento de la demanda de alquileres.
Perspectivas y posibles consecuencias del nuevo modelo residencial
El estudio advierte que la vivienda está dejando de ser un bien de primera necesidad para convertirse en un activo de inversión. La concentración de inmuebles en manos de pocos genera un mercado más desigual, donde el empleo y el salario ya no garantizan el acceso a la propiedad. Si la tendencia continúa, podría ampliarse la brecha entre propietarios y arrendatarios, dificultando la movilidad social.
El déficit de vivienda, que supera las 730 000 unidades en 2026, agrava la situación (ver detalle). Un mercado más orientado al alquiler podría presionar a las administraciones para impulsar políticas de vivienda asequible y regular la acumulación de inmuebles por parte de grandes tenedores.
Conclusión: la caída del porcentaje de propietarios y el aumento del alquiler reflejan un cambio estructural en el modelo residencial español. Los próximos años determinarán si las políticas públicas logran frenar la concentración inmobiliaria y garantizar una vivienda digna para la mayor parte de la población.
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Editor de Economía
Economista y periodista especializado en mercados financieros y política monetaria europea.
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