Soplado de vidrio en la antigua Roma: la innovación que transformó la vida cotidiana
Artesanos del Levante mediterráneo introdujeron el soplado de vidrio hacia finales del siglo I a.C.. La técnica, descubierta al insuflar aire en tubos de vidrio fundido, permitió crear recipientes huecos en minutos, frente a los días o semanas que requería el moldeado tradicional. Las primeras piezas datan de Jerusalén, bajo dominio romano, y pronto se difundieron por toda la cuenca mediterránea. "El soplado redujo la fabricación a minutos", destaca el estudio publicado en The Conversation.
La rapidez del nuevo proceso provocó una expansión comercial sin precedentes. Vidrieros como Ennion, originario de Siria, viajaron con sus talleres a provincias romanas, instalando hornos en ciudades como Roma, Ostia y Alejandría. En menos de un siglo, los vasos, copas y ánforas de vidrio llegaron a Escocia, Escandinavia, el Sáhara y hasta China, convirtiéndose en mercancía habitual en rutas de intercambio.
Cómo el soplado de vidrio revolucionó la producción y el consumo en Roma
Antes del soplado, la fabricación de vidrio requería verter material fundido sobre núcleos de barro o arena y dejar que enfriara durante largas jornadas. Cada pieza necesitaba ser pulida y el núcleo retirado manualmente, lo que encarecía el producto y lo reservaba a la élite. Con la nueva técnica, un artesano podía inflar un tubo y obtener una jarra o una copa en menos de diez minutos, reduciendo costos de mano de obra y materia prima.





