Plan original de demolición tras 20 años
La Torre Eiffel nació para la Exposición Universal de 1889 bajo la dirección de Gustave Eiffel. El permiso concedido por la ciudad incluía una concesión de 20 años, tras la cual la estructura debía ser desmantelada. El contrato especificaba que la empresa Eiffel pagaría una renta anual al municipio y que, al término de los veinte años, la estructura tendría que ser desmontada pieza a pieza, sin posibilidad de prórroga. La cláusula quedó escrita en el acta municipal y se consideró vinculante desde el inicio.
Motivos que salvaron a la torre
Inteligentes y artistas de la época firmaron manifestos denunciando la obra como "una aberración que desfigura el corazón de París". Figuras como el escritor Guy de Maupassant y el pintor Georges Seurat firmaron la petición, argumentando que el hierro desentonaba con los bulevares de mármol y los tejados de pizarra de la ciudad. Su oposición no fue suficiente para anular la cláusula contractual, pero sí generó un debate público sobre el valor estético del hierro. La presión se equilibró con la necesidad de aprovechar la altura sin precedentes de la torre para antenas de radio, una tecnología emergente a finales del siglo XIX.
El ingeniero francés Eugène Ducretet lideró los primeros experimentos de transmisión, demostrando que la altura de la torre reducía la atenuación de la señal y ampliaba su alcance a más de 100 km. En 1901 se instaló la primera antena de en la cumbre, convirtiendo el monumento en un laboratorio científico y, posteriormente, en un activo militar. Durante la Primera Guerra Mundial, la torre sirvió como puesto de vigilancia y retransmisor de señales militares, consolidando su valor estratégico. Los ingenieros aprovecharon la estructura para pruebas de transmisión de onda corta, lo que permitió comunicaciones entre frentes distantes.





