La lucha contra el envejecimiento continúa siendo un reto para la comunidad científica. A pesar de los avances en la investigación, todavía no existen tratamientos capaces de revertir el envejecimiento en humanos. Sin embargo, los expertos confían en lograr progresos en los próximos años. El objetivo ha cambiado: en lugar de buscar prolongar la vida a cualquier precio, ahora se enfoca en mejorar la salud durante la vejez.

En este contexto, Salvador Macip, experto en longevidad y catedrático de Medicina Molecular en la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) y la Universidad de Leicester (Reino Unido), destaca que "el principal factor de riesgo para el cáncer, más que fumar y que cualquier otra cosa, sigue siendo la edad".

La prioridad de la investigación es frenar las enfermedades asociadas a la edad, como el cáncer o el alzhéimer, que condicionan el bienestar en los últimos años. En esta línea trabajan terapias como los fármacos senolíticos, orientados a eliminar células envejecidas y reducir el deterioro del organismo, aunque todavía están en fase de desarrollo.

Uno de los principales obstáculos es la falta de herramientas fiables para medir el envejecimiento. Además, los resultados obtenidos en animales no siempre son trasladables a humanos. A esto se suma que el envejecimiento no se considera una enfermedad, lo que dificulta la aprobación de tratamientos a largo plazo.

La longevidad depende tanto de la herencia genética como del estilo de vida. Aunque los genes no pueden modificarse, factores como la alimentación, el descanso o la actividad física sí están al alcance de cada persona y pueden marcar la diferencia en la salud futura.

En el ámbito nutricional, los expertos advierten contra las posturas extremas. "Hay que controlar los carbohidratos: el azúcar de la fruta es bueno, pero no el refinado. Pero tampoco hacer locuras como en EEUU donde hay gente tomando el 70% de sus calorías diarias en forma de aceite de oliva. ¡El aceite de oliva es bueno, pero no para tomárselo a cucharadas!", señala Macip. La recomendación pasa por mantener una dieta equilibrada, evitando tanto la eliminación radical de grasas y azúcares como su consumo excesivo, incluso cuando se trata de productos considerados saludables.

El descanso es otro factor clave. Durante el sueño, el cerebro lleva a cabo procesos esenciales de mantenimiento que no pueden recuperarse después. Además, no todas las personas necesitan las mismas horas de sueño, ya que estas dependen en parte de la genética.

La actividad física regular contribuye a mantener la salud cardiovascular y muscular, además de tener efectos beneficiosos sobre el cerebro. Sin embargo, el exceso puede resultar perjudicial, por lo que se recomienda un ejercicio constante y moderado.

En conjunto, la evidencia apunta a que el envejecimiento saludable no depende de soluciones milagro, sino de un equilibrio entre ciencia y hábitos de vida sostenibles.

Laura Jiménez Moreno
Laura Jiménez Moreno

Editora de Tecnología

Editora de tecnología. Especialista en inteligencia artificial y transformación digital.

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